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Hay cosas que es mejor nunca contar

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Hay cosas que es mejor nunca contar

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Sáb Mayo 18, 2013 11:50 am

Privado
Padma Patil

Jardines orientales de Hogwarts
Día 5 de Septiembre, 14:45
Había empezado como un día cualquiera, con pesadillas que le impedían conciliar el sueño por la noche, levantándose más temprano que cualquiera de sus compañeras de habitación, duchándose prácticamente a escondidas y saliendo del cuarto al mismo tiempo que las otras chicas se levantaban para empezar a arreglarse. Tras ello, y como siempre había salido de la Sala común cargando ya todos los enseres que necesitaría para las clases y se dirigió a las cocinas donde solía desayunar junto a algunos de los elfos domésticos. No es que le disgustara compartir el desayuno con el resto de compañeros de Ravenclaw, pero durante los días de clase prefería comer en ese lugar tan activo en las mañanas. Por qué seguía siendo un misterio para todos, pero lo consideraban una simple costumbre que había adquirido durante los años que ya llevaba en Hogwarts y que no iba a cambiar.

Tras ello siempre iba directa a sus clases y ese día no fue distinto, lo que había cambiado en su habitual rutina pensó al principio que fue un golpe de suerte. Es decir, nadie la había molestado, los Slytherin se mantenían alejados de ella y Altair ni se había tomado un segundo para dedicarle alguna de sus pullas mañaneras a las que respondía con indiferencia. Lo normal habría sido sospechar, Arabelle no tenía días tan tranquilos en los que no había accidentes durante sus clases o gente molesta tratando de tentar su paciencia pero en esta ocasión, ya fuera por cansancio o simple esperanza, creyó que sería un buen día para ella y se impidió pensar negativamente. Se equivocó, si bien por la mañana había sido todo tranquilo y agradable las cosas se torcieron durante la tarde. Tenía pesadillas, nadie lo sabía pero siempre había sido así, todas las noches después de apenas dos horas -cuatro con suerte- de sueño ininterrumpido le atacaban y le impedían volver a descansar... pero hacía demasiado tiempo que aquellas imágenes no le atacaban mientras estaba despierta.

Eso le había pasado, durante la comida había pedido prestado uno de los periódicos que a veces enviaban y pocos leían. La noticia que más resaltaba era el asesinato de una familia muggle, los dos padres y el hijo habían fallecido en extrañas circunstancias y los aurores resolvieron que había sido cosa de la maldición letal... ese destello verde que la Ravenclaw conocía tan bien. Después de ver la imagen macabra que pusieron como portada de esa tragedia no pudo refrenar el impulso de salir de allí, periódico en mano, y correr como si su vida dependiera de ello.

Nadie reparó en ella -o eso creía- y se dirigió a toda prisa hacia uno de los pocos lugares que solía estar desierto a casi todas horas. Era una pequeña extensión de los jardines, oculta tras algunos árboles y matorrales espinosos que hacían poco agradable la idea de cruzarlos para ver qué había tras ellos. Arabelle, sin embargo, los había cruzado en su primer año ganándose unos cuantos arañazos cuando escapaba de un grupo de Slytherins de tercero que habían empezado a molestarla. Le sirvió de refugio y al mismo descubrió un pequeño rincón que podía considerar suyo pues nadie solía ir allí.

Y ahí es donde estaba, destrozando el periódico con rabia antes de lanzarlo al suelo y quemarlo con un potente Incendio que abrasó también parte del césped debido a la potencia del fuego y a que no tomó consideración alguna cuando decidió eliminar aquel trozo de papel lleno de detalles que le recordaban dolorosamente cada segundo del día en que perdió a su familia. Había sido tan parecido al asesinato de sus padres y su hermana que no podía evitar sentir ganas de llorar, a duras penas lograba contener los deseos de gritar que había medio saciado al pronunciar con fuerza excesiva el hechizo de fuego.

Le había costado demasiado tiempo cerrar los ojos y no ver esa escena una y otra vez, y ahora un estúpido periódico redactado por mentirosos y oportunistas se lo recordaba, traía de regreso a su mente imágenes que había conseguido retraer hasta el punto de que sólo en pesadillas se le volvían a presentar. Era un duro golpe para ella, demasiado... y necesitaba recuperarse, necesitaba calmarse y volver a replegar el dolor tras la coraza que impedía que éste se dejase ver en el exterior. Sólo esperaba que no le costase tanto tiempo como la primera vez que lo intento, no lo soportaría.
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Re: Hay cosas que es mejor nunca contar

Mensaje por Padma Patil el Lun Mayo 20, 2013 10:26 am

La Luna dio paso al Sol y los ojos de Padma Patil se abrieron (expresión que nunca he comprendido, puesto que no se pueden abrir los ojos, ¿no? Algo extraña es. ¿Frase hecha se llamaba?) a la misma hora de siempre, una hora perfecta para poder vestirse y desayunar cómodamente sin dejar de llegar a tiempo a las clases. Como una recordadora a modo de despertado molestaba a sus compañeras, cosa que ella no lograba entender ya que se iban a tener que despertar igualmente ¿qué importaba el método para hacerlo?, había tenido que acostumbrarse a levantarse siempre a la misma hora por si misma. Parecía que tenia un reloj incrustado en su cabeza que la avisaba del momento en el que se tenía que levantar, tal vez era algo extraño pero verdaderamente útil ya que Padma siempre tenía que hacerlo todo de manera puntual, no iba con ella llegar tarde a las clases o a cualquiera otra cosa. Es de mala educación y una falta al respeto de los demás, afirma. Unos piensan lo mismo y otros no, pero eso a ella no le importa. Como sea, lo importante es que Padma se había levantado y, ya vestida, había bajado al comedor para disfrutar de un, seguro, delicioso desayuno. ¿Cómo no serlo? Los elfos eran los mejores cocineros del mundo, sin duda. Sus tostadas nunca estaban quemadas, conseguían lo imposible: que quedaran perfectas. Seguramente leían las mentes de los comensales, puesto que parecían saber exactamente lo que deseaban tomar. Increíbles los elfos, era difícil para Padma verlos como sirvientes con todas las cualidades mágicas que tenían. Incomprensible.

Las clases pasaron sin demasiados accidentes, solo uno en la clase de Herbología (producido por un... ¿cómo se llamaba? ¿Lazo del diablo? Puede, aunque hay tantas plantas diferentes que era imposible acordarse de todas sin mezclar nada. Por lo menos para una servidora, y para Padma algunas veces. Herbología no entraba entre sus clases preferidas). También estaba el ocurrido en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque merecía ser llamado 'humillación pública de un profesor hacia un alumno' no accidente (pues de esto no tenía nada). El profesor Snape había estado demasiado malhumorado ese día, y eso es mucho decir, y solo se le había ocurrido desahogarse (o lo que fuera que había hecho) con el pobre Neville Longbottom. El Gryffindor no había sabido manejarse demasiado bien con los encantamientos no verbales y el profesor se lo había recordado delante de toda la clase. O eso era lo que Parvati le había contado a Padma. A ella le hubiera gustado estar allí para verlo con sus propios ojos, pero Ravenclaw no compartía esa asignatura con Gryffindor. Sin embargo veía perfectamente capaz al profesor Snape de hacer eso. A Padma no le caía demasiado bien ese profesor (por no decir que le caía mal), pero tenía que admitir que era bastante bueno en lo que hacía. Aunque su forma de hablar sobre las artes oscuras le ponía los pelos de punta.

Y así, entre divagaciones sobre el profesor Snape y las artes oscuras y los nombres de las diferentes plantas del mundo mágico Padma había llegado al comedor. Al igual que él desayuno la comida era otra gran demostración de la maestría culinaria de los elfos domésticos, pero eso es otro cantar (¡otra frase hecha!). La lechuzas llegaron y una de ellas bajó hasta posarse cerca de Padma para dejar la nueva edición de 'El Profeta'. Una de las noticias destacadas, un asesinato a una familia muggle con la maldición asesina, formó en la frente de la Ravenclaw una arruga de preocupación. ¡Era completamente injusto! Su odio hacia los mortífagos, porque no podían ser otros los asesinos, aumentaba cada día más y más y esas noticias no hacían más que ayudar a que eso pasara. Pero eso no fue lo que hizo que la arruga en su frente se hiciera muy notable: Arabella, una compañera de casa además de una de las mejores amigas de Padma, acababa de salir corriendo del comedor sujetando el periódico en una de sus manos. Se despidió de los compañeros que tenía al rededor y la siguió rápidamente.

Cuando ya creía que no iba a parar nunca, Arabelle se sentó en un pequeño rincón de uno de los jardines orientales. Padma pasó los matorrales espinosos en silencio, no sin rasparse las piernas, observando como su amiga destrozaba el periódico. Cuando llegó junto a ella se agachó y posó una mano en uno de sus hombros —Ara... Ara, mírame —sabía que la chica ocultaba algo, pero cada vez que ella intentaba averiguar ese algo terminaban peleándose verbalmente. Era el primer día que la veía de esa forma, tan débil y rota—. Alguien me dijo una vez que uno no puede guardarlo todo para si mismo, que algunas veces eso está bien, pero que el paso del tiempo acaba haciéndolo todo mucho más doloroso e inaguantable. No debes guardártelo todo para ti. Hay cosas que pesan demasiado y, por mucho que nos cueste, es mejor dejar que alguien nos ayude a contenerlas. ¿Quieres hablar de lo que te ocurre?
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Re: Hay cosas que es mejor nunca contar

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Vie Mayo 24, 2013 2:33 pm

Haber sido centro de atención de una de sus más cercanas compañeras -y una de las pocas amigas que tenía en Hogwarts- había pasado inadvertido para ella y hubiera preferido que ese dato siguiera en el incógnito, o quizá hubiera sido mejor para ella haberse dado cuenta para sí poder disimular y evitar aquella pequeña y privada escena que iba a tener lugar entre ambas. La relación entre Padma y Arabelle era buena, pero tenía ciertos deslices producto de la curiosidad de la primera y la reticencia de la segunda. La menor se interesaba demasiado por el desconocido pasado que ella había dejado siempre en el secreto pues ni siquiera a Cleo, la persona en la que más confiaba, le había contado nada de su familia, sólo que vivía con su abuelo. A veces se sentía horrible por guardar ese secreto incluso con aquella a quien consideraba su hermana menor... pero el dolor era demasiado grande, el mero hecho de ver a otros disfrutando de sus familiares hacía que la envidia corriera por sus venas y que un amargo sabor se instalara en su boca mientras su cerebro -masoquista y cruel- le recordaba todo lo que había perdido en una sola noche.

Por eso ocultaba tal episodio de su vida, por eso jamás había contado que sus padres y su hermana menor habían fallecido en aquel homicidio que casi todo el mundo -muggles y magos- consideraron un accidente de coche. Había intentado dejarlo atrás, incluso hubo un tiempo en que se creyó capaz de olvidarlo pero no podía, hasta el más ínfimo centímetro de su alma le instaba a mantener fresco cada recuerdo, lo que aún no sabía era con qué fin pues la venganza, aunque dulce al paladar, no iba a devolverle su vida ni su familia. No haría retroceder el tiempo, no borraría las cicatrices que habían perdurado en su cuerpo y en su memoria. Eso nada podía borrarlo, por eso había tratado de simplemente vivir, tratar de ser alguien normal y en cierto modo lo conseguía, había pasado página... muy a pesar de que la tinta de las anteriores estuviese tan fresca que manchaba al más mínimo contacto. Y ahora ambas páginas hacían contacto, y la tinta impregnaba con petróleo el nuevo párrafo que se escribía.

Los arañazos que hirieron su piel en brazos y piernas no le importaron, sólo incinerar ese pedazo de papel y dejarse caer sobre sus rodillas mientras aún ardía. Contuvo las ganas de llorar, aún tenía el orgullo suficiente como para no dejar que unos chismosos de manos tan venenosas como sus lenguas lograsen quebrar su muralla, pese a que ésta tuviese una nueva grieta que seguramente no se podría reparar. Le sirvió no derramar lágrima alguna pues pudo escuchar los pasos de alguien acercarse pero ni eso le impidió tensarse cuando sintió la mano de esa persona posarse sobre su hombro. Ni giró el rostro ni hizo ademán alguno para mirarle, pero sí obvió su intención por tratar de deshacerse del agarre al reconocer la voz de la hindú y las hirientes palabras que iba a dirigirle para que se marchara y la dejase sola. Fue incapaz de hacerle eso a Padma por muchas peleas que pudieran haberse ocasionado entre ambas hasta el momento, aunque tampoco sabía si quería que se quedara o se fuera.

- No... no puedo... -fue un débil susurro en el que muy a duras penas pudo disimular su voz invadida por el dolor. Recordar ya era una tarea demasiado dura para ella a la que todas las noches debía enfrentarse, y aguantaba, pero no era capaz de recordar por su propia voluntad, se sentía totalmente impotente al saber que no podía hablar de ello sin que el sufrimiento se apoderase de su ser. Padma era su amiga, la respetaba y lo agradecía incluso, sin embargo le estaba pidiendo algo que la mayor simplemente no podía hacer. Nunca había compartido sus problemas o sus miedos, trataba de mantener todo eso escondido tras el maltrecho muro que ocultaba su corazón y no podía arriesgarse a hacerle una nueva grieta. No podía arriesgarse a dejar que una parte de esa pared se derrumbase porque el resto caería con ella... y no estaba preparada para eso.
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