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A veces no hace falta aislarse para evadirse de los problemas, solo la compañía adecuada (Ginevra)

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A veces no hace falta aislarse para evadirse de los problemas, solo la compañía adecuada (Ginevra)

Mensaje por Harry J. Potter** el Miér Mayo 01, 2013 3:08 pm

- ¡Harry levanta tu valioso cuerpo de esa cama y vístete! No quiero que McGonagall nos vuelva a regañar por llegar tarde, así que hazlo... - el chico de cabello pelirrojo se terminó de poner el jersey antes de acercarse a la cama de Harry y quitarle la almohada de un sólo movimiento - ¡YA! - Harry sintió cómo su cabeza daba un pequeño bote al no tener nada donde apoyarse en la cama. Arrugó la frente inclinándose un poco para mirar a su amigo con cara de pocos amigos que le observaba parado a los pies de su cama - ¿Qué hace la Señora Weasley aquí y dónde está mi amigo Ronald? - bromeó. Siempre o casi siempre era Ronald y no él quién se levantaba tarde y no le preocupaba en absoluto llegar tarde a alguna clase, pero cuando consiguió despertarse del todo lo entendió: McGonagall les había advertido el otro día que si volvían a llegar tarde a clase por haber bajado tarde a desayunar les haría ir a clase con el estómago vacío y, claro, Ronald le tiene más miedo a tener su estómago vacío que a una acromántula de 1000 toneladas. Harry salió de la Sala Común de Gryffindor casi arrastrado por Ron y con la camisa mal puesta, ya que no le había dado ni tiempo a vestirse bien. Ambos entraron al Gran Comedor y se sentaron en la larga mesa de Gryffindor que ya estaba llena de platos rebosantes de comida. Harry tuvo que comer al menos dos tostadas ante la severa mirada de Hermione, no quería probar el mal humor de su amiga y menos a esas horas de la mañana. El trío de oro salió del comedor en dirección a la clase de DCAO que les tocaba a primera hora de la mañana, otra prueba más de que aquel no era el día para Harry, si ya había tenido un mal despertar gracias a su amigo Ron, ahora tendría que aguantar a Snape... La clase se le hizo verdaderamente interminable, su pudiera hacer un hechizo para adelantar el reloj lo hubiera hecho sin duda.

Por fin había terminado, Harry agarró sus cosas y salió suspirando de aquel aula, Ron y Hermione empezaron a lanzarse comentarios sarcásticos, ¡no podían estar ni un minuto juntos! Harry caminaba en medio de ellos oyéndolos pero sin hacerles mucho caso, tenía la mente ocupada en pensar cómo escaquearse de la siguiente clase... Cuando se quiso dar cuenta, Ron había sido invadido por una muchacha de pelo rubio: Lavender, que se subía a sus espaldas dándole un sonoro beso en el cachete y llamándole por aquel nombre que Ron tanto odiaba... - Disculpa, Harry, tengo que ir a vomitar... - Harry giró su cabeza cuando escuchó las palabra de Hermione y miró cómo su amiga se alejaba en la dirección contraria. Harry suspiró y vio su oportunidad de huir de aquel pasillo sin tener que escuchar la reprimenda de Hermione. Caminó de prisa por el pasillo en dirección contraria a las mazmorras, donde debía ir para su clase de pociones. Aunque aquel año a Harry se le estaba dando de maravilla eso de hacer pociones, en gran parte gracias al libro que había encontrado, no le apetecía aquel día pasarse la clase escuchando a Slughorn alabándole y peloteandole. Iba inmerso en sus pensamientos cuando algo chocó contra él... - ¡Harry! ¿Has visto a Ginny? Es que verás, tengo que contarle que... - Harry no dejó que Dean terminara su frase, tenía demasiada prisa como para perder el tiempo con Thomas - Ahora no tengo tiempo, Dean - fue seco y directo. No sabía cual era el motivo por el que estaba ultimamente raro con Thomas, bueno, sí lo sabía...

Consiguió llegar al pasillo de sexto piso donde sabía que había un aula abandonada, ninguna clase se impartía allí y casi siempre estaba vacía, a menos que alguien quisiera evadirse de todo y utilizase el hechizo que abría las puertas... Y eso justo hizo Harry. Alohomora. La puerta se abrió y Harry encontró en aquella sala un poco de paz y tranquilidad. Se aceró a una de las ventanas y se sentó en el hueco de ésta apoyando la espalda en la pared y giró su cabeza para mirar a través de los sucios cristales. Suspiró. Los últimos días no estaban siendo nada fáciles para él, sus amigos enfrentados por una rubia de rizos, el trío de oro cada vez más distante, Dumbledore y su afán con que Harry se acercase a Slughorn, Malfoy... Sí, Malfoy, el rubio oxigenado traía a Harry de cabeza, sabía que algo se traía entre manos pero no podía hablarlo con nadie, pues nadie le creía - Si al menos tú estuvieras aquí... - susurró el chico con su cabeza puesta en una persona: Sirius. Harry echaba de menos a su padrino, si bien solo sabía de su 'parentesco' hacía tres años, Harry había encontrado en Black a su única familia que le había abandonado demasiado pronto... como todos. Se quedó allí sentado con la mirada perdida.
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Re: A veces no hace falta aislarse para evadirse de los problemas, solo la compañía adecuada (Ginevra)

Mensaje por Ginny M. Weasley el Miér Mayo 01, 2013 5:49 pm

Despertar temprano nunca había sido mi fuerte, de hecho en la Madriguera era mamá la que me despertaba, ella o los gritos de Ron por la broma de turno de los gemelos. Me desperecé sacándome las legañas de los ojos, genial, aún faltaba una hora y media antes de que las clases empezaran, tenía tiempo de sobras para darme una ducha matutina y desayunar tranquilamente. Me quité el pijama con tranquilidad dentro del baño, intentando no despertar a mis compañeras de habitación y me relajé en la ducha, era uno de los mejores momentos del día sin lugar a duda. Bajé a desayunar y tomé asiento al lado de Dean, durante el resto del día sería difícil verlo pues al ser él un año mayor no compartíamos horario, besé suavemente sus labios – Buenos días Dean, Seamus – saludé a los dos amigos inseparables con una sonrisa típica en mí, cogiendo una tostada comiendo con tranquilidad, no tenía prisa. Saludé a Hermione cuando esta entró, sola ¿Ron y Harry seguían durmiendo? Reí levemente sí, seguramente ese par de perezosos seguían con los ojos cerrados.

La primera clase del día para los Gryffindors de quinto era Transformaciones, la profesora McGonogall era, desde mi humilde punto de vista, una de las mejores profesoras que había en Hogwarts, una persona justa y estricta con un conocido amor por el quidditch que a todos los gryffindors nos hacía sonreír. Su clase no tardó demasiado en comenzar, puntual como siempre la profesora McGonogall recogió la redacción sobre animagia, Luna, sentada a mi lado, sonrió al dársela, yo no pude evitar reír por lo bajo, la profesora McGonogall era una de las que Luna solía sacar más de quicio sin querer por sus excentricidades, unas que yo adoraba. Escuché a la profesora durante toda la clase, si bien era cierto que no era una alumna ejemplar solía estar atenta en las horas lectivas, aunque era cierto que algunas veces me medio distraía, sobre todo en historia de la magia y adivinación, no era algo que soliera pasarme. Al salir de la clase bajé corriendo hasta los jardines, teníamos Cuidado de Criaturas Mágicas, con Hagrid, sonreí al pensar en el semi-gigante, si bien yo no era tan cercana a él como mi hermano seguía agradecida con él por todo el apoyo que había dado a Hermione cuando el burro de mi hermano se enfadó con ella en su tercer curso. Suspiré ¿Cuál era mi siguiente hora? Miré con horror el horario en mi mano cuando vi que la segunda hora de aquella mañana era ni más ni menos que adivinación, no lograba aguantar a la libélula, nunca lo había hecho, pero últimamente parecía retomarle el gusto a predecir desgracias y estaba harta de oírle comentar que alguno de mis hermanos estaba en peligro inminente de muerte.

Por suerte o por desgracia no podía contar con Dean durante aquel pequeño descanso, hasta dónde sabía él también tenía clase. Caminé distraída hasta el sexto piso, en un primer momento pensé en dirigirme a mi Sala Común, pero la Señora Gorda acabaría comentándolo con Violeta y si Ron se enteraba seguro que lo usaba como excusa para decir que Dean era una mala influencia, aunque este no tuviera nada que ver en mi decisión, o para decir que era una irresponsable que no se sabía cuidar sola. Reí levemente, si él supiera lo cuidadosa que me había vuelto desde el diario de Riddle no diría aquello, sin embargo jamás se lo echaría en cara en una discusión, definitivamente no era algo que me gustara recordar, ser usada como cebo para atrapar a Harry, para que Voldemort reviviera, sin duda mi primer año fue el más accidentado que yo había tenido, incluso más que el anterior. Entré en una de las aulas abandonadas, aunque me extrañó que la puerta estuviera abierta y no cerrada como de costumbre, nada más entrar oí un murmuro, no conseguí escuchar con claridad que había dicho pero si reconocí la voz ¿Cómo no hacerlo cuando se trataba de la de él?

Me acerqué a Harry lenta y sigilosamente, no quería asustarlo y quizá quería estar solo después de todo aunque ahora éramos amigos seguía viéndome como una niña pequeña que debía cuidar para ayudar a su mejor amigo, si estaba segura de aquello, por más que me esforzara él jamás me vería como algo más - ¿No tienes pociones? – pregunté sentándome a su lado, si molestaba me echaría, estaba segura de aquello, pero quizá necesitaba hablar. Una simple mirada me bastó para ver en qué o quién pensaba Harry, Sirius Black, su reciénmente asesinado padrino era el único que podía hacer que Harry pusiera aquella mirada. Si bien era cierto que yo no había llegado a ser demasiado unida al fallecido el verano y las navidades que había pasado a su lado hicieron que le tomara un gran cariño al hombre, uno de los pocos que no la trataban como una pequeña dentro de la Orden – Sabes, él sigue aquí, en nuestros recuerdos, y jamás se irá – murmuré tímidamente, había aprendido a controlar aquello cuando estábamos con los demás, pero cuando estaba sola con él todo era diferente.


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