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No hay calma sin tempestad

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No hay calma sin tempestad

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Mar Abr 30, 2013 6:15 pm

Privado
Altair R. Silvercraft

Orillas del Lago negro
Día 6 de Septiembre, 15:00
El sol apenas lograba dejarse ver a través de la espesa mata de nubes que se había hecho sitio en el cielo, pero aún así no era un día gris y lúgubre como solían serlo en los otoños londinenses. Muy a pesar de que había grandes nubarrones de color grisáceo que amenazaban con descargar lluvia en el momento menos inesperado el cielo resultaba demasiado amplio para poder abarcarlo todo, y de vez en cuando el viento de las alturas movía aquellas masas de aire y agua condensada lo suficiente como para que los fuertes pero no abrasadores rayos de la esfera dorada llegasen a resultar como una cálida caricia para aquellos que se encontraran en el lugar adecuado en el momento preciso. Arabelle había sentido ya más de una de esas caricias solares, la última la estaba sintiendo en esos momentos contra el torso, las rodillas flexionadas y las manos que sostenían -como de costumbre- un voluminoso libro de incierto título, autor y contenido debido a su carencia de grabado alguno en sus tapas.

Hacía algo de frío, como era obvio según la estación y el lugar en el que se encontraba, siempre con una pequeña brisa que provenía del lago y se entretenía jugando con los mechones que, rebeldes, escapaban de la alta coleta en la que mantenía presa su melena caoba. Pero eso no parecía haberle impedido vestir el uniforme que conservaba desde tercero -y al que apenas había tenido que hacer un par de costuras aquí y allá pues su cuerpo no había cambiado mucho desde los trece, había madurado deprisa- pero carente de zapatos y las medias que en lugar de calcetines solía llevar para así dejar sus piernas desnudas de rodilla para abajo, los pies descalzos y sobre el torso una remangada camisa con algunos botones desabrochados, el cuello abierto adornado con una bufanda azul y bronce -colores de su casa- aflojada y los bordes de la blanca tela manchados de barro y un poco rotos debido a que durante la mañana se le había enganchado la prenda en casi todos los bordes punzantes de estatuas, candiles y cualquier otra cosa semejante con la que su cintura alcanzase a chocarse debido a la multitud de gente que iba de un pasillo a otro tratando de llegar a tiempo a su respectiva clase.

Ahora, en soledad junto al lago con el frío como único acompañante, encontraba lo que todas las mañanas le faltaba: tranquilidad. Si bien era cierto que se sentaba siempre cerca de una ventana -en las aulas que dispusieran de ellas- y preferiblemente en las filas del final que era donde más inadvertida pasaba y donde podía aislarse con mayor seguridad y facilidad, los alumnos de séptimo no eran nada silenciosos, o debería decir que la mayoría de los alumnos con los que compartía clase desde hacía seis años no lo eran. De todas formas no eran las clases, su futuro ni nada tan trascendental lo que invadía sus pensamientos mientras estaba sentada a la orilla del lago, con los pies metidos en el agua en una zona donde fácilmente el susodicho líquido podría abarcarle hasta la clavícula si se metía dentro. Su mente estaba más ocupada leyendo y dibujando en pensamientos lo que sus ojos -ocultos tras unas amplias gafas que utilizaba habitualmente para leer (la falta de sueño solía producirle problemas de vista cansada) y que junto al resto de su vestimenta le daban la total apariencia de una nerd o empollona- leían que en cualquier otra cosa, ignorante de si alguien se le acercaba.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Altair R. Silvercraft el Miér Mayo 01, 2013 10:44 am

Aquel viernes, Altair se había desprendido tarde de los brazos de Morfeo. Eran aproximadamente las 14:45 cuando los primeros rayos de sol se posaron encima de los párpados pálidos del chico. Era un día gris, apenas el astro solar se atrevía a asomar la cara tras las nubes que osaban ocultarlo en un manto grisáceo. Altair, se había resignado a seguir estirado en su plácida cama, tan sólo siendo acompañado por algunos compañeros que hacían notar su presencia con sus ronquidos (algunos más sonoros que otros). Aquello parecía un coro a capella, así que al final se vio obligado a levantarse a causa de estos,mas que por voluntad propia. El sólo movimiento de quitarse las sábanas de encima, provocó que su piel se erizase ante el mínimo contacto con el frío. Las mazmorras siempre había sido el lugar más húmedo y fresco de todo el castillo. No era de extrañar pues que aquella mañana el Slytherin notase como el aire gélido parecía desenvainar sus cuchillos contra su piel.

Con un leve gruñido, posó el pie derecho en el suelo, siendo seguido a continuación por su gemelo. Sus dos manos pasaron a sus muslos correspondientes, apretándolos para que se le quitase el hormigueo que sentía siempre a primeras horas del día (en este caso, algo más tardías). Flexionó ambas piernas antes de por fin levantarse a la par que estiraba los brazos hacia arriba, logrando relajar sus músculos cansados. Ayer había estado con una compañera hasta las tantas de la noche y, dado que la mujer no tenía el don de la elocuencia al hablar, Altair había considerado que era mejor llevar la conversación a otros niveles. Fruto de este encuentro había salido una noche llena de gritos de placer, seguido de algunos arañazos que decoraban ahora su espalda por el agarre de la fémina, y se encontraba también la razón de que se hubiese ido a la cama desnudo. Altair sonrió ante el recuerdo nocturno, para después dirigirse a paso lento hacia el armario, donde encontraría el uniforme protitípico de su casa. Abriéndolo de par en par, cogió la camisa blanca, seguido de unos pantalones negros, la corbata franjeada con los colores plata y verde y por último, su ropa interior y la túnica.

No tardó mucho en vestirse y decidir salir al exterior. Siendo viernes por la tarde, la mayoría de alumnos no tenían clases. Caminaba erguido, con la barbilla algo alta, denotando una superioridad que creía que era evidente enfrente de la gente mediocre que veía por el castillo. Su mano derecha, jugaba con el anillo que se encontraba en el dedo índice (una joya que había pasado de varón a varón en la familia Silvercraft). La mano restante, iba jugando con su varita entre sus dedos. La gente que sabía de él, se apartada de inmediato pero la mirada inquisitiva del Slytherin seguía mirando el horizonte, tan sólo desviándose cuando encontraba algún rostro atractivo. Y así estuvo un rato, hasta que pisó los jardines para dirigirse a su sitio favorito: el lago negro. Suya sería la sorpresa cuando sus ojos reconocieron una figura familiar sentada en el suelo, cerca de la orilla del lago. Altair dejó que sus ojos se entretuviesen en el perfil de la chica, desde su cabello caoba, hasta su espalda delgada seguida por unas curvas femeninas donde parecía gritarle que pusiese sus manos. Los colores de su túnica confirmaron su suposición, y escondiéndose la varita en su bolsillo derecho, se acercó con sigilo hasta donde se encontraba. Estando ya a pocos centímetros, le susurró cerca de su oído derecho un leve:-¡Búh!-y aprovechando el susto, su mano izquierda se dirigió rápidamente al libro que sostenía sus manos.

Se separó de inmediato de ella, dándole la espalda (pero siendo precavido de un posible ataque de su parte) mientras que sus manos se dedicaban a pasar las páginas al azar. A pesar de que el título, ni el nombre del autor, se dejasen ver en la portada, el contenido ya hizo que casi las órbitas de sus ojos explotasen. Sintió incluso un cierto mareo y tirria hacia el contenido:- ¿Y te hacen llamar Ravenclaw?-preguntó con una sonrisa ladina, mirándola como siempre con superioridad:-Deberías estar en Hupplepuff, Blackwood. Siento que tu materia gris se estropea con tanta mierda- lanzó una carcajada, dando vueltas a su alrededor como si se tratase de una presa a punto de ser devorada por el gran depredador:-Siempre he dicho que todos los Ravenclaw alardean demasiado de su inteligencia cuando en realidad son meras copias de lo que leen-ladeó entonces la cabeza, observando de soslayo el libro entre sus manos:-Dime lo que lees y te diré como eres-levantó ambas cejas esperando una posible respuesta y, viendo que la chica como siempre prefería contestarle con miradas fulminantes, prosiguió hablando:-Muy bien, Blackwood. Una mierda es el libro, así que alúdete. Pero descuida, déjame que te ayude con esto- y sin otorgarle ningún miramiento más al objeto entre sus manos, lo tiró bien lejos hacia el lago, observando como lentamente iba siendo devorado por las aguas profundas del pantano:-De nada-contundió con un guiño, esperando casi con impaciencia pavorosa la reacción de la chica. Sin duda, su día podía comenzar con buen pie.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Miér Mayo 01, 2013 11:27 am

Ajena a todo lo que estaba ocurriendo alrededor del Slytherin y de que más pronto que tarde la paz que la rodeaba iba a quebrarse por su culpa, Arabelle se mantenía tranquila, arrullada por el suave sonido de la brisa meciendo el agua del lago y con el suave chapoteo que hacía de vez en cuando al mover sus pies mientras su mente se deleitaba con las palabras que bailaban frente a sus ojos. Era una ávida lectora desde que tenía uso de razón y podía llegar a leer increíblemente rápido, pero en cuestión de novelas que captaban su atención leía con una lentitud pasmosa, disfrutando, casi saboreando cada palabra y a veces incluso leía en voz alta, cuando tenía la certeza de que nadie sería capaz de oírla y así no quedar en vergüenza pues no era algo que acostumbrase a hacer con público. Para ella leer en voz alta era parecido a cantar, bailar o tocar música, se sentía incapaz de hacerlo con espectadores porque era algo que se guardaba para sí misma, nadie en Hogwarts -salvo quizá la pequeña Cleo y el director, que parecía saberlo todo de todos- era conocedor de esas habilidades para las artes que poseía y prefería que siguiera así, era uno de sus pequeños secretos.

El Lago negro era una extensión enorme de agua que muchas veces no podía abarcarse con la mirada y la joven Ravenclaw estaba tan centrada en su lectura que no se dio cuenta de que ya no era la única presencia en el lugar. Apenas apartó la vista del libro cuando creyó escuchar algo rebotar contra el agua y por ello alzó la mirada para observar unas pequeñas ondas seguramente producto de la brisa o incluso de algún pez chapoteando. O puede que fuese algún grindylow que se había acercado a la superficie, curioso por el movimiento suave de sus pies bajo el agua. No le dio más importancia pues no temía a las criaturas del lago, solía pasarse mucho tiempo allí e incluso alguna vez se había bañado en sus aguas, muchas de las criaturas ya se habían acostumbrado a su presencia aún cuando nunca se adentrara demasiado, respetaba el límite territorial de los seres del agua que allí habitaban pues no quería problemas con ellos. Fue entonces, una vez devuelta su atención a la lectura y recién terminado uno de los capítulos primeros del libro desconocido que tenía en sus manos, cuando sintió una presencia cerca.

Se lamentó de no haberle prestado la debida atención hasta que fue incapaz de ignorar el aliento que chocó contra su oreja pues si lo hubiera hecho se hubiera ahorrado el grito asustado que soltó, así como el casi caerse al agua y que su libro fuese arrebatado. Dirigió su mirada, de orbes entrecerrados y aspecto afilado, al varón para reclamarle por lo ocurrido aunque al reconocer esa silueta que le daba la espalda no pudo hacer otra cosa que fruncir el ceño para ocultar la sorpresa, esperando las gafas fuesen suficientes para ocultar el leve sonrojo que sus mejillas habían adquirido debido a la vergüenza que sintió por haber gritado como una niña. Se levantó de inmediato, sacando sus pies del agua pero sin que le molestase estar descalza se acercó a él conteniendo los deseos que sentía de sacar su varita y lanzarle un Tragababosas o algún otro hechizo vergonzoso y molesto. Empuñó las manos con fuerza ante aquella retórica y sardónica pregunta y por mero orgullo obvió cualquier respuesta, aunque al escuchar los comentarios sobre su capacidad intelectual estuvo más que tentada de darle un puñetazo y callarle por las malas, porque por las buenas ya lo había intentado muchas veces y no daba resultado.

Trató de controlarse y la verdad es que le salió bastante bien pues se limitó a mandarle una gélida mirada antes de poner su atención sobre el libro que él le había quitado. Ahogó un extenso budifo y una larga sarta de insultos que quería dedicarle -porque reconozcámoslo, ella podía hacer gala de una increíble lengua malhablada y viperina si quería, pero no estaba en su naturaleza ser violenta ni descortés- y se limitó a cruzar sus brazos y a esperar con paciencia, bendita paciencia, a que Altair se aburriese de su silencio y le devolviese el libro. Sin embargo no ocurrió lo que ella esperaba, al oírle decir que la ayudaría con eso se temió lo peor- No te atrevas... -debió suponer que eso no iba a detenerle en lo que estaba planeando y, como ella temía, no pudo hacer más que intentar quitarle el libro antes de ver cómo era lanzado hacia el agua, cayendo irremediablemente dentro del lago.

Empuñó de nuevo sus manos con fuerza hasta casi hacerse daño con sus propias uñas mientras veía el libro hundirse y en cuanto lo perdió de vista se giró hacia el varón con nada disimulados deseos de golpearle- Silvercraft, tienes dos segundos para meterte en el agua y recuperarlo antes de que te meta yo de una patada -su voz fue gélida y directa, afilada cual cuchillo de hielo y su mirada no se quedaba atrás. Cualquiera pensaría que era demasiado drama por un simple libro que se podía comprar en cualquier biblioteca muggle, pero Arabelle era de familia más bien pobre. Sus padres habían tenido que pluriemplearse toda la vida para pagar gastos y ahora que había pasado a estar bajo la tutela de su abuelo éste había postergado aún más sus planes de jubilación para poder seguir llevando dinero a casa con el que pagar los estudios de su nieta. Por eso la joven apreciaba cada una de las pertenencias que tenía como si fueran tesoros, y si bien la magia podía no ser suficiente para reparar el libro, al menos lo intentaría.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Altair R. Silvercraft el Miér Mayo 01, 2013 4:38 pm

Sin duda alguna Altair estaba disfrutando con cada cambio que podía percibir en el rostro de la chica. Como buen mago, pudo discernir asimismo el aura de magia que la envolvía, como ésta iba incrementando según veía en peligro el libro que él ahora sostenía entre sus manos. La sonrisa del moreno seguía siendo cínica y cruel, queriendo ver hasta qué límite sería capaz de llegar la Ravenclaw por una cosa tan poco apreciada como lo era aquel objeto. Sin embargo, no tuvo que esperar mucho para obtener su respuesta ya que, cuando el libro fue lanzado a lo lejos, ésta no tardó en dirigirse a éste con un tono gélido e hiriente. Algo que, por poco miedo que le hiciese, le sorprendió. Habían sido pocas donde la Ravenclaw se había atrevido a enseñar sus garras. Y ya era hora que lo hiciese, pensó para sí. Hubo un tiempo donde llegó a creer que era monja (hubiese sido un gran desperdicio según el juicio del Slytherin):-Perdona, Blackwood, pero ¿me estás pidiendo que me meta en el agua para recoger la mierda?-preguntó alzando una ceja a la par que se acercaba lentamente hacia ella. No temía de sus acciones. Era consciente que era mucho más rápido y que Arabelle era demasiado buena mujer como para atreverse a hacer daño a una mosca.

Ladeó entonces la cabeza, sus ojos observando el horizonte y aquella agua negra densa que se había visto despertada por la introducción brusca del objeto. ¿Por qué, estaría tan obsionada con un libro que no era más que basura? Jamás entendería la mente de las mujeres sobre ciertos tópicos, menos el de la Ravenclaw que tenía delante:-¿Te succionó la inteligencia el libro? ¿O es que has olvidado que eres una bruja?-preguntó con cierto rintintín. Sin darle una oportunidad para responder a ello, indicó el hechizo adecuado (sin decirlo verbalmente) y el libro salió del agua ,como si el mismo calamar lo hubiese expulsado, hasta quedar en una de las manos del chico. Estaba completamente chopo y, seguramente sus páginas serían ya inteligibles (aunque con algo de magia siempre se podría recuperar). Le dio varias vueltas para inspeccionarlo, siempre con la misma mueca de asco en su rostro, para al fin tirárselo a sus pies:-Aquí, lo tienes. La próxima vez, no lloriquees tanto y utiliza tu aguda inteligencia para recuperar lo que quieres-agregó en un tono más serio, para cambiar su mueca de asco en su sonrisa ladina prototípica de éste.

Se separó entonces de ella, para dirigirse a su sitio favorito. Un tronco recién cortado le invitaba para que se pudiese sentar y, enfrente tenía el gran lago con vastas vistas sobre el paisaje. Se dejó caer con un sonido seco en el tronco y, se dedicó a contemplar en silencio la naturaleza. Las copas de los árboles hacían ruido al dejar pasar el viento por sus intersticios. La majestad de éstos al lado de Altair le hacían incrementar su impresión de insignificancia. Una rana croó dos metros más abajo y su sonido se ahogo cuando se inundó en el agua. Se le escapó de sus labios un pequeño gruñido, como una involuntaria protesta. ¿Por qué no podría ser igual de libre que dicho animal y desaparecer en las profundidades del mar? El mar. Como le gustaba al joven poder observarlo cuando tenía la oportunidad. Ver como se rizaba a olas tumbadas y anchas, agitadas por un movimiento interno de majestad humillada, como la tersura de una sábana quebrada en mil pliegues. Pero sobre todo, saber que estaba libre de cualquier atadura paterna o obligación familiar.

Estiró los brazos hacia el cielo, observando por unos instantes como la temperatura se había templado o, como incluso, se había olvidado por unos segundos de la presencia femenina que estaba a su lado. Bufando pesadamente, decidió por abrir conversación: Por mucho que me desagrade tu presencia, Blackwood, encuentro que por cortesía se me hace imposible ignorarte por mucho que lo desee-su mirada seguía en el paisaje, negándose totalmente a dirigirle tan siquiera un simple vistazo:-Así que sigamos esta hipocresía social que todo el mundo parece aguantar con aquellos que son incluso sus enemigos-agregó, esta vez sí mirándola intensamente:-¿Por qué te gusta tanto esa literatura? ¿Todos los sangre sucia sois iguales de cerrados de mente? ¿O es que tú eres un especímen raro?-enarcó una ceja, para después volver a bajarla y reírse él sólo: De hecho, olvida mi última pregunta porque era retórica-chasqueó la lengua, estirando a la par sus piernas:¿Te gusta estar sola aquí?-preguntó por fin, con algo más de interés.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Miér Mayo 01, 2013 5:35 pm

La sonrisa que mostraba el varón no hacía más que enojarla aún más, poniendo muy a prueba su paciencia. Siempre se había caracterizado por ser una chica paciente de difícil enfado... pero todo tiene su límite y seis años soportando a Altair -sobre todo los últimos, en los que parecía haber incrementado su irritable manía de molestarla- eran más de lo que llegaba a soportar y hacía tiempo que estaba conteniendo su paciencia en un nivel que rozaba lo peligroso. Cualquier otra habría estallado hace mucho pero ella no, la joven no quería perder el control porque sabía muy bien que le costaba mantener la mente despejada cuando se enfadaba. En eso se parecía mucho a su abuelo y su madre, eran personas pacientes pero cuando se enfadaban lo hacían parecía que literalmente explotasen. Ya le había ocurrido más de una vez, y no quería repetir la experiencia porque siempre salía alguien herido, y normalmente no era ella. Por eso hizo acopio de toda la templanza que pudo reunir para no sucumbir a la rabia que aquella sonrisa cínica le producía pues, si bien no fue capaz de retener ese comentario ni ese tono de voz que bien podría ser más cortante que una espada, al menos contenía las crecientes ganas que sentía de golpearle.

- No es mierda, es un libro... aunque tampoco esperaba que tú y tu cerebro de mosquito notaseis la diferencia -contraatacó con el mismo tono de voz, añadiéndole una crítica mordaz- Y no te lo estoy pidiendo, te lo exijo -agregó por si no había quedado claro que en ningún momento se lo estaba pidiendo y mucho menos le diría "por favor". Él había tirado y estropeado su libro, así que era él quien debía encargarse de recuperarlo y -aunque sabía de sobra que no iba a hacerlo y que le tocaría a ella encontrar la manera para lograrlo- repararlo. Cabe añadir que el orgullo le impidió moverse de donde estaba, pero tuvo que hacer algo de esfuerzo para no sucumbir al instinto que le pedía a gritos retroceder conforme el varón avanzaba porque si había algo que odiaba de verdad era que invadiesen su espacio personal, y más que lo hiciera un hombre cuya altura -que fácilmente le sacaba una cabeza- le obligaba a mirarle desde abajo. No obstante se mantuvo erguida y firme, sin dar un mísero paso atrás y sin apartar su mirada molesta de los ojos ajenos que se mostraban oscuros y amenazantes con un leve grado de cruel diversión, como siempre los veía ella pues Altair no solía dirigirle miradas muy distintas a esa.

Se tuvo que morder la lengua para no responderle de nuevo ese comentario pues Arabelle era de las personas que estaban firmemente convencidas de que los libros favorecían a la mente, algo que el varón parecía no compartir en absoluto, o al menos su gusto en cuanto a género literario. Además, ¿qué le importaba a él si disfrutaba leyendo sobre mundos inexistentes donde la magia no era tan distinta, pero tenía su propio toque único? Para ella la fantasía no era sólo un gusto o un hobby, era una forma distinta de ver su propio mundo, de alejarse de los problemas e ignorar las pesadillas... pero claro, no iba pregonando eso por todas partes y si se lo decía alguien estaba segura de que esa serpiente no iba a ser ese alguien. Observó todavía molesta cómo sacaba su varita -acción ante la que irremediablemente se tensó un poco, dirigiendo su siniestra disimuladamente al bolsillo de su túnica donde guardaba la suya- y la utilizaba para recuperar el libro antes de mirarlo con desdén y tirarlo al suelo junto a sus pies, su imaginación no tardó en asemejar eso a un guerrero lanzando algún arma -o siendo menos delicados, la cabeza- de un rival vencido a los pies de un ser querido del derrotado.

No sintió vergüenza alguna al arrodillarse para cogerlo con delicadeza evitando así que las páginas -las que buenamente sobrevivieron al agua, con sus claros desperfectos- terminaran cayéndose definitivamente. Se tragó respuesta a aquel comentario y obvió su nueva sonrisa arrogante, pensando que debía mantener la calma si no quería acabar metiéndose en problemas que era lo que habitualmente pasaba cuando Altair se le acercaba. No había olvidado que era bruja, ni había olvidado que podía recuperar el libro con su varita pero sus padres le habían enseñado a tratar de evitar los caminos fáciles y a lograr las cosas con su propio esfuerzo, al igual que muchos de los profesores de Hogwarts -en particular el propio director- reiteraban que la magia no era solución a todos los problemas. De hecho se habría tirado ella misma al lago tras la negativa del varón si éste no hubiera accedido a recuperar el objeto, porque aunque se hubiera burlado de ella al menos se había tomado la pequeña molestia de cogerlo. Un gesto que, seamos sinceros, la sorprendió bastante pues hubiera jurado que el castaño habría preferido que le cayera un árbol encima antes que hacerle caso.

Fuera como fuese no le dijo nada de eso, aunque sintió una ligera punzada molesta -también llamada conciencia- que quería obligarla a agradecerle por al menos haberlo sacado del lago. No quería hacerlo, pero que él fuese antipático, arrogante y muchas otras cosas que ella odiaba no significaba que ella tuviera que ser descortés con él por mucho que lo deseara- Gracias -fue un murmullo, apenas un susurro que igual el varón no lograría escuchar pero igualmente lo había dicho y la molestia desapareció tan pronto esa palabra salió de sus labios. A veces pensaba ser capaz de odiar todos los buenos valores que sus padres y su abuelo después de ellos habían inculcado en ella, a veces lo pensaba pero sabía que nunca sería capaz de detestar algo así pues era -por decirlo de algún modo- una especie de legado de sus padres. Tras ello se reincorporó, con el libro entre sus manos buscando una buena manera de cogerlo para que no se desmembrara y lo único que se le ocurrió hacer fue petrificarlo para evitar que se destrozase más y se dio la vuelta para guardarlo en el pequeño bolso deportivo que había llevado al lugar y donde guardaba también sus medias y otros menesteres, eso mientras el varón se alejaba. Pensó que se marcharía, grande fue su decepción -o su enojo, quién sabe- al voltear y ver que seguía allí, un poco lejos pero lo bastante cerca como para oírle.

Ajena a todos los pensamientos que pasaban por su cabeza la joven se limitó a ordenar sus cosas en el bolso y a sacar sus medias así como una pequeña toalla, no teniendo reparo ninguno en acomodarse en el suelo y secarse las piernas antes de colocárselas convencida de que Altair no le prestaba la más mínima intención y, por ello, pudiendo ponérselas sin dificultad ni nervios. No era idiota, veía de vez en cuando -normalmente cuando a él se le antojaba restregarle por la cara que podía ligarse a cualquier mujer que se propusiera- a las chicas de las que solía rodearse el Slytherin y comparadas con ellas Arabelle resultaba poco menos que indetectable, más aún con las pintas de empollona que la coleta y las enormes gafas le daban ahora mismo. Ella igualmente lo prefería así, por muy atractivo que pudiera resultar no tenía ni la más mínima intención de ser el próximo objetivo sexual del estudiante -irónicamente, menor a ella por unos ocho meses- pues si no le aguantaba ni dos minutos mucho menos tendría la intención de acostarse con él. Ni estaba desesperada ni le importaba seguir siendo virgen por mucho que él pudiera utilizar eso para molestarla en ocasiones.

Cuando volvió a escuchar la voz del Slytherin la joven rodó los ojos y soltó un bufido hastiado como única respuesta a sus palabras sin siquiera mirarle, todavía luchando por colocarse adecuadamente la media de la pierna derecha e ignorante, por tanto, de que él la miraba- No honraré esas preguntas con una respuesta -soltó tras escuchar toda su parafernalia ignorando deliberadamente que la había llamadosangre sucia pues por muy insulto que eso fuera a ella no le afectaba. ¿Qué importaba que su sangre fuese muggle? ¿Eso la hacía peor maga o peor persona? ¿La volvía despreciable? Eran muchas preguntas ninguna de las cuales quería responderse a sí misma porque de hacerlo significaría darles importancia, y no la tenían- Además, ¿qué te importa a ti? -preguntó curiosa, pensando que de todas las cuestiones que le había lanzado la última tenía una contestación bastante obvia: si estaba sola en el lago cuando la encontró era fácil suponer que sí le gustaba estar sola allí, aunque siendo sinceros eso era mentira en parte. La ojiazul era de ese tipo de personas que buscan la soledad para evitar ser heridas, de esas a las que la soledad les hería. Pero bien sabio era el dicho "mejor solo que mal acompañado" y la Ravenclaw solía ponerlo en práctica, sobre todo cuando trataba de evadirse o de leer con tranquilidad.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Altair R. Silvercraft el Vie Mayo 03, 2013 4:16 pm

Dejó que su vista se posase por unos segundos en sus largas piernas que estaban siendo cubiertas por sus respectivas medias negras. Le constaba que Arabelle seguía siendo igual de virgen desde el primer día que entró al mundo. Ningún hombre la había tocado y, no era porque la chica fuese poco atractiva, si no porque ella se negaba a abrirse del todo con ningún varón. A Altair ,eso, poco le había importado hasta los últimos años. El cuerpo de la Ravenclaw fue madurando y, aquello tan sólo provocó que el Slytherin la contemplase de otra forma. Desde entonces, la celaba de toda mirada y, aquel que tenía alguna intención lasciva con ella, nunca acababa bien. Era su pequeño juguete y dado que siempre había sido algo malcriado, no estaba dispuesto a compartirlo. No obstante, una parte de él, posiblemente su educación, le hacía mirarla con menosprecio o, en según que ocasiones, su simple personalidad le irritaba. Era demasiado buena. Nadie hasta ahora había aguantado con tanta endereza sus bromas o su trato, pero ella seguía alzándole la mirada y respondiéndole con cortesía. Le había dado las gracias a pesar de que hubiese tirado su libro, cuando él ,en su situación, hubiese lanzado un "Crucio" a la persona (o posiblemente haber jugado con él a las katanas).

Pero allí estaban, ambos ahora mirándose mutuamente a los ojos, ella conteniéndose su ira mientras que él seguía con su sonrisa arrogante. Era sumamente un placer verla retorcerse de rabia o recordarle lo insignificante que podía llegar a ser:-No es que me importe. Sigo, como he dicho antes, esta hipocresía social que caracteriza a todo el mundo-soltó entonces una carcajada, poniéndose ya en pie en una postura relajada:-Llevamos años juntos y sé que eres una persona bastante solitaria o que prefieres la compañía de los animales-su mano derecha comenzó a desabrocharse la túnica lentamente, sin desviar la mirada de su interlocutora: -Selectiva a la hora de escoger tus amigos, así también como entablar conversación con los diferentes chicos que pueblan el castillo-se sacó al fin la túnica, dejándola caer al suelo. Sus pies se intentaban ayudar mutuamente para sacarse los zapatos, mientras que sus manos ya aflojaban el nudo de su corbata para acompañar el mismo destino que su túnica:-De hecho, no creo que hayas tenido nada con nadie en ningún ámbito-le volvió a sonreír, constatándole que se estaba burlando de ella.

¿Cuanto tiempo hacía que se conocían? ¿6 años? Sin embargo parecía que la conociese de mucho más tiempo. En primero le llamó la atención por tener una personalidad un tanto distinta a los demás, por no añadir que era muggle. Después de ello, al ver que su lengua viperina intentaba ser sentenciada siempre por ella, acabó por provocar que se convirtiese en su objeto favorito de insultos y/o bromas. Siguiendo esta línea, vinieron los cambios hormonales y con ello la madurez de ambos cuerpos. Ya no eran críos y Altair la observaba como un objeto que podría saciar sus pasiones más carnales. Podría haberse forzado, pero algo de ella se lo impedía. Su condenada bondad provocaba que el Slytherin retrocediese y se limitase sólo a la burla. No obstante, ahora sólo la deseaba para él. Se había convertido en su obsesión y la quería como nunca para su propia diversión. Nadie podía mirarla con otros intereses que no fueran de amistad y, nadie tendría el placer de dañarla (ya fuese físicamente o verbalmente). Aquellos privilegios habían quedado relegados en su persona.

Al final, acabó de quitarse toda su ropa a excepción de los boxers negros que llevaba. Con la poca luz que había parecía que la palidez de su cuerpo resultase fantasmal. Aún así, estaba bien musculado. Su entrenamiento como animago (así también como el Quidditch, deporte en general o sesiones nocturnas) habían hecho del cuerpo del Slytherin algo parecido a una escultura. El torso apenas tenía vello, dejando ver a la perfección sus abdominales bien definidos. Sus extremidades, (los brazos y las piernas) se mantenían fuertemente musculadas, notándose como se flexionaban los músculos ante cualquier gesto que hacía el chico. Algunas venas decoraban sus bíceps, así como el antebrazo por la presión que se estaba ejerciendo. La espalda era más bien delgada pero sin perder del todo la masculinidad; en ella se apreciaban todavía los arañazos producidos por su cita de anoche.

Altair comenzó a acercarse a la orilla del lago, dejando que sus dedos tocasen la gélida temperatura del pantano. Respiró hondo, soltando vaho de sus fosas nasales. Necesitaba relajarse y el ejercicio físico siempre le dejaba más tranquilo. Dirigió entonces su mirada una vez más hacia la Ravenclaw, alzando ambas cejas para buscar su posible reacción:-Tranquila Blackwood, soy consciente que no has visto a un hombre en tu vida en prendas menores:-se medio giró, observándola todavía con cierta diversión:-Si quieres me desnudo-añadió en el mismo tono burlón. Pero aquel simple pensamiento, que Arabelle lo contemplase con curiosidad, provocó que su polla reaccionase. Notó por unos instantes como esta se engordaba ante la idea; notando como comenzaba a palpitar allá abajo. Sus abdominales se tensaron y Altair tuvo que girarse de inmediato para que su bulto no fuese del todo descubierto:-Bien Blackwood, me voy a dar un baño. Puedes unirte o puedes continuar con tu maravillosa literatura- rió con mofa:-Pero descuida, sé que te avergüenza tanto tu cuerpo como lo que lees. He aquí la razón por la que decides la soledad, muggle-y sin querer esperar una respuesta suya, se tiró al lago de cabeza.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Vie Mayo 03, 2013 6:05 pm

La joven fue incapaz de sentir la mirada que Altair mantuvo sobre ella mientras se colocaba de nuevo las medias, tenía demasiadas cosas en la cabeza y trataba de contener su enfado lo que, paradójicamente, le dio ventaja al varón para observarla sin que se diese cuenta y le permitió a ella no sonrojarse ni avergonzarse al saber que estaba viéndola con demasiado interés y pensamientos quizá no indiscretos, pero casi. La castaña era inteligente, eso nadie lo podía negar, pero también era cierto que su experiencia con el género contrario resultaba más que inexistente por mucho que intentase ocultar eso de todo el mundo al mostrar una actitud fría y distante hacia todo hombre con más de catorce años. Creía haber conseguido que nadie conociese esa debilidad suya, esa inocencia que trataba de esconder para que nadie la usara en su contra... menuda sorpresa iba a llevarse cuando descubriera que no había eludido a todos en ese engaño aunque lo más probable es que incluso después de saberlo siguiese ignorando que ese mismo varón, por así decirlo, la protegía de otros con intenciones non-gratas. Después de todo, ¿cómo iba ella a saberlo si Altair no dejaba de ser el irritante compañero de clase que disfrutaba de molestarla cada vez que podía, el irritante Slytherin que se creía superior en todos los aspectos? Nada en su actitud durante esos seis años había delatado ese comportamiento celoso y sobreprotector.

Igualmente le costaba controlar su rabia y si bien todavía no había explotado se podía leer claramente en sus ojos que estaba alcanzando su límite y cuando le respondió con esas palabras tan falsas y esa risa estuvo más que tentada a contestar con alguna frase mordaz en la que le instaría a dejar de lado esa hipocresía que mencionaba, él ya debía saber que la hipocresía y las normas sociales no significaban nada para Arabelle salvo algo que odiar y saltarse olímpicamente. No obstante al verle incorporarse mantuvo silencio, creyendo que definitivamente se había aburrido y se iría para dejarla en paz. Ya ni se molestó al bufar decepcionada y terminó de acomodarse las medias dispuesta a colocarse los zapatos pero se detuvo de golpe y se levantó con rapidez inusitada cuando le vio acercarse mientras se quitaba la túnica. Era excepcionalmente desconfiada cuando de hombres se trataba y había aprendido que Altair siempre salía con algo nuevo con lo que sorprenderla, y habitualmente de mala manera. Aún así debía reconocer que sentía curiosidad por lo que estaba diciéndole, aparentemente no tenía sentido que de repente estuviera hablando de lo que sabía de ella y desvestirse al mismo tiempo por razón desconocida. Desde luego por calor no era.

- Pues qué novedad -mencionó con mofa mientras le veía desabrocharse la túnica, sintiendo sus músculos tensarse y una pequeña vocecita en su cabeza que le pedía salir corriendo de allí. La ignoró y mantuvo el contacto visual con los ojos ajenos impidiendo que sus orbes descendieran por curiosidad, no pensaba darle vía libre para burlarse de ella por estar pendiente de cómo echaba la túnica al suelo y de que se estaba quitando los zapatos. Sin embargo su mirada reflejaba tanto curiosidad como desconcierto, ¿cómo sabía él, precisamente ÉL, que seleccionaba con exquisito cuidado a sus amistades y a los varones con los que entablar conversación? No podía saberlo porque sí, ni siquiera las escasas amigas que tenía en su propio curso se habían dado cuenta de que no hablaba casi con los hombres a menos que fuera estrictamente necesario y en clase, a pesar de no mostrarse muy receptiva, la verdad es que no hablaba con casi nadie fuera hombre o mujer así que no podía haberlo descubierto durante las clases.

- "¿Me.. me ha estado... espiando?" -la pregunta llegó a su mente por su propia cuenta y por sí sola logró crear un suave tono rosado sobre sus mejillas, aunque rápidamente descartó la idea pues sonaba absurda. ¿Por qué iba a molestarse Altair en seguirla cuando estaban fuera del horario lectivo si no era para molestarla? Era ridículo siquiera pensarlo, ella no le interesaba tanto... o eso creía- ¿Y a ti que te importa? -preguntó molesta y con el ceño fruncido, sintiendo que el sonrojo aumentaba un poco de tonalidad cuando le dijo que estaba seguro de que ella no había tenido ninguna relación. Era verdad, pero le molestaba que lo utilizase para burlarse y sería más que capaz de mentirle para hacerle tragarse sus palabras. Mantuvo silencio no obstante, pues las palabras no llegaron a su garganta, enmudecieron mucho antes cuando sin querer sus ojos se desviaron -los condenados parecían haber adquirido vida propia- hacia el torso ahora desnudo del varón. Pudo ver perfectamente su piel, sus músculos trabajados pero no en exceso marcados... y cómo no, los arañazos de su espalda que fueron el toque final que necesitó su cerebro para ponerla en vergüenza al ordenar a sus mejillas que se ruborizaran con un intenso tono rojo visible incluso a través de las grandes gafas que, transparentes, dejaban ver también sus ojos abiertos por la sorpresa.

Un indiscreto escalofrío recorrió su columna y su piel se erizó, porqué era algo que prefería no pensar porque sabía que muy interiormente lo sabía: Altair, por cabrón, maleducado, arrogante y molesto que fuese seguía siendo endiabladamente atractivo... y esta Ravenclaw en particular tenía el defecto de volverse demasiado tímida con los hombres a los que consideraba de su gusto. Cuando le vio girarse hacia ella retrocedió un paso por mero instinto y empuñó sus manos con nerviosismo antes de volver a fruncir el ceño por su comentario. Incluso abrió la boca para responder algo inteligente pero se quedó muda al escuchar esa indecorosa y burlona proposición- ¿Por qué querría yo eso, idiota? -que le insultara era una muestra de que se acercaba peligrosamente a traspasar el límite de su paciencia y suerte que estaba demasiado enfadada como para notar que el cuerpo del varón había reaccionado ante algo, porque si lo hubiera visto sin duda habría salido corriendo de allí sin mediar más palabras.

Por suerte para el varón no se percató de ese detalle y se limitó a bufar exhasperada cuando le escuchó decir que podía unirse, eliminado inmediatamente todos los pensamientos que su mente le insinuaba sobre aceptar esa proposición y que lograban ponerla aún más nerviosa. No obstante su expresión dejó de lado todo, la sorpresa y el nerviosismo al escuchar sus últimas palabras. Hubo primero confusión en su rostro, y luego sintió que los ojos le ardían viéndose obligada a entrecerrar la mirada para que ninguna lágrima escapara de ellos. ¿Cómo diablos había descubierto él que se avergonzaba de su físico? ¿Y cuándo se había percatado de eso? Si se paraba a pensarlo friamente podría suponer que lo había dicho sólo para molestarla aún más, pero fue incapaz de mantenerse calmada y si no se hubiera lanzado al agua le habría dado una patada para meterle de golpe ella misma, o le habría soltado un reducto con su varita. No le molestó que la llamara muggle ni que se burlase de su gusto literario porque no se avergonzaba de su elección en cuanto a libros, pero que se mofase tan abiertamente de su figura -que personalmente pensaba tenía mucho que envidiar a la de todas las otras mujeres del castillo- le dolió, la hizo sentirse débil y menospreciada, como cuando los niños de los orfanatos se burlaban de ella.

- ¡¿Y qué sabrás tú, imbécil?! ¡También tengo vida fuera de Hogwarts! -le gritó tras acercarse a la orilla del lago con intenciones de que la escuchara aún cuando estuviera debajo del agua al mismo tiempo que lanzaba una piedra a la silueta que vio en el agua, esperando poder golpearle. Si estuviera menos alterada y él se encontrase mirándola se habría incluso permitido sonreír con sorna para demostrarle que si bien en el colegio podía tener razón él no sabía nada, absolutamente nada de lo que hacía durante el tiempo que estaba en su casa durante las vacaciones de verano y algunas navidades. De hecho nadie sabía lo que hacía excepto su abuelo que es con quien vivía, pues sí escribía cartas pero nunca detallaba nada de lo que acontecía en su vida por ese tiempo en el que vivía de nuevo como una muggle normal y corriente. Altair, por mucho que le molestase reconocerlo, era listo y ágil de mente, sabría captar su indirecta y esperaba que lo hiciera pues quería restregarle por la cara que podía tener un novio al que veía en vacaciones. Quería que le molestase, que se tragase sus palabras hirientes -y dolorosamente ciertas- pero ignoraba que quizá eso además de hacerle enfadar podía disparar un ataque de celos. No podía siquiera suponer que sus palabras tendrían ese efecto pues desconocía que el varón podía verla como algo más que una chiquilla ruidosa a la que le gustaba fastidiar.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Altair R. Silvercraft el Dom Mayo 05, 2013 2:46 pm

Altair sintió al principio los primeros pinchazos de frío cuando su cuerpo entró en contacto con el agua. Asimismo, a pesar de que abrió los ojos en el primer momento que tocó la superficie líquida y densa, apenas podía ver nada. El lago estaba completamente oscuro, llegando a ser algo siniestro para cualquiera que osase bucear algo más abajo. Pero no para él, ya que fue adentrándose en sus profundidades, obviando por completo los gritos de Arabelle que comenzaban a ser meros susurros. No sabía qué podría estar diciéndole, pero tenía una idea preconcebida. Estaba seguro que su último comentario la había hecho explotar y, fruto de esto había sido una piedra que ahora se dirigía hasta el fondo. Lo que desconocían ambos, es que el Calamar había sido despertado por aquel simple gesto de enfado.

Le encantaba bucear o nadar. Era otro momento en el cual se sentía completamente libre y relajado. De pequeño siempre había querido ser un tiburón: feroz e independiente. Adoraba todo lo relativo a la vida marítima y, siendo un crío había escuchado con atención relatos de piratas mágicos que habían zarpado por distintos mares. Aquellas fantasías quedaron almacenadas en su memoria y alejadas ya de su etapa más adulta-adolescente. Ya no era un niño de cinco años que se dejaba maravillar por lo que le rodeaba, sino que más bien se sentía completamente apagado y asqueado con la realidad. Como la misma negrura que el pantano. Altair no era más que un ente independiente pero sin rumbo fijo, perdido y con la necesidad de ser encontrado o reaccionar de una vez ante la vida. No sabía si la solución quedaba relegada en una persona o que sería él que de una vez por todas encontraría algo que le hiciese pensar que la vida era merecedora de ser vivida.

Los principios de siempre de Altair habían sido desasirse de toda relación. No entregar sus sentimientos a nadie, sino destruirlos. La felicidad o la desdicha era una simple cuestión de elasticidad de nuestra facultad de desasimiento. La vida transcurría en un equilibrio constante entre el toma y el deja. Y lo difícil no era tomar, sino dejar, desasirnos de las cosas que merecen nuestro aprecio. Aquí estribaban las posibilidades de felicidad de cada humano: en que su facultad de desasimiento fuese más o menos elástica, en que el hombre estuviese más o menos aferrado a las cosas materiales. Por ello tal vez el secreto básico estuviese contenido en el hecho de no tomar nunca para no tener que dejar nada. Y así era como el Slytherin había vivido hasta ahora: rodeado de odio u hostilidades, con el único propósito de ser apartado de todo el mundo para no caer en las redes del sentimiento. Porque sabía que lo que le haría más débil era atarse a cualquiera, fuese amistosamente o amorosamente. Si había sobrevivido hasta el momento era porque nadie le había provocado este sentimiento ardoroso por el que todo el mundo lucha y anhela. Él siempre preferiría la soledad o el odio.

Al final, tuvo que salir al exterior porque sentía que sus pulmones ya no seguían su ritmo. En cuanto lo hizo suspiró aire casi con urgencia, para después fijar su mirada en la Ravenclaw y devolverle, aquella fulminante mirada con su sonrisa ladina:-Lo siento, Blackwood, apenas te escuchaba ¿Decías?-preguntó divertido, nadando hacia los lados, relajándose ante la tranquilidad que le proporcionaba el pantano:-Sabes, no me importa qué narices me has estado diciendo pero agradecería que te fueses si vas a estar todo el rato mirándome con esa cara-se le desvaneció rápidamente la sonrisa:-Además, no aprecio por mucho tiempo la compañía de una sangre sucia-pero antes de que pudiese acabar su frase, un largo tentáculo se dirigió hasta su tobillo, rodeándolo con fuerza:-¿Pero qué narices?-intentó mirar en la oscuridad, pero no lograba ver nada y alzando la vista, vio como la ravenclaw iba a sufrir el mismo destino:-¡Arabelle, corre!-alarmado no pudo hacer mucho más, porque en segundos, su cuerpo fue arrastrado de un tirón hasta la profundidad negruna del lago.
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Re: No hay calma sin tempestad

Mensaje por Arabelle L. Blackwood el Dom Mayo 05, 2013 5:06 pm

Se moleso aún más al notar que el varón se sumergía, haciendo literal y físicamente imposible que escuchara sus palabras. Le hubiera encantado que lo hiciera y restregarle en la cara que era perfectamente capaz de haber tenido novio -quién sabe, puede que incluso varios aunque eso ya era complicado, prefería no darle razones para tacharla de cualquiera- pero no podría, al menos no por ahora. Trató de desquitar su furia lanzándole otra piedra aunque sabía que no le alcanzaría y ciertamente estuvo tentada a sacar su varita, hacerle salir del lago y quizá golpearlo contra el tronco que antes le había servido de asiento pero no lo hizo. No iba a gastar magia sólo para vengarse de él, eso sería caer bajo y no la diferenciaría mucho de una abusona pues ahora mismo Altair estaba totalmente desarmado y su físico, rapidez y fuerza no le servirían nada en el agua contra una varita y menos cuando se trataba de la de la Ravenclaw pues podía no tener sangre pura, pero era una maga talentosa que entrenaba a diario y estudiaba nuevos hechizos por su cuenta.

Por eso desistió, ignorando que sus acciones y gritos habían perturbado el sueño de uno de los habitantes del lago. ¿Cómo iba ella a saberlo? Aquella zona en particular tenía muchas algas al fondo y el agua era muy opaca, casi imposible de ver nada a través de ella y menos si estaba a la profundidad a la que ahora mismo el varón se encontraba. Se cruzó de brazos y se giró hacia sus cosas con intención de cogerlas y marcharse de allí, pero no pudo hacerlo. Terminó por suspirar con pesadez y se deshizo de su túnica, dejándola sobre la bolsa que yacía en el suelo y volvió a acercarse a la orilla, absurdamente preocupada por el tiempo que llevaba el mayor dentro del agua. Sinceramente seis años compartiendo clases y demases con Altair no habían sido suficientes, no le conocía para nada, ni sus gustos ni su historia. Todo lo que sabía de él era que su familia era purista, que era tremendamente molesto con ella y que sentía preferencia por los vicios como el alcohol y el sexo... pero eso era básicamente lo que sabía todo el colegio sobre él. Lo único en lo que Arabelle podía destacarse era que resultaba ser la única mujer de suficiente edad a la que él no le había puesto la mano encima ni había intentado hacerlo.

Eso era bueno, significaba que aunque tuviera que soportar sus burlas se libraba de ser acosada... pero por otra parte era malo. Era como una señal de que ella no le atraía en lo más mínimo, de que era físicamente inferior a cualquier otra alumna de las que él se rodeaba y eso la hacía sentirse mal. No por celos -y si lo fueran jamás lo admitiría- sino por cierta envidia, tenía diecisiete años y le daba vergüenza hasta que la vieran en toalla. Sus senos no eran grandes, de hecho pasaban casi inadvertidos cuando llevaba la sudadera del uniforme, era bajita y tenía la cara algo redondeada. En pocas palabras: parecía una niña, y las pecas que decoraban su piel no ayudaban para nada. Se inclinó sobre el agua para tratar de encontrarle y terminó por distorsionar su propio reflejo de un pequeño golpe sobre el agua antes de sentarse a lo indio en la susodicha orilla, algo más tranquila al ver algunas burbujas emerger de vez en cuando y desconociendo completamente todas las reflexiones -quizá más filosóficas de lo que ella creía posible en un joven como el Slytherin- que estaban pasando por la cabeza de su molesto acompañante.

Le vio salir pero no dijo nada, esperó a que cogiese aire y notase su presencia mientras decidía qué palabras dirigirle para recalcarle que podía estar equivocado con respecto a sus relaciones con hombres pero no tuvo oportunidad de hablar. En cuanto había abierto la boca para ello él la había cortado y frunció el ceño mientras apretaba sus tobillos con fuerza para no saltar al agua y hundirle bajo ella a la fuerza, un sentimiento que se afianzó cuando le escuchó insultarla de nuevo pero recordó que ella no tenía motivo alguno para darle importancia a ese apelativo de desprecio así que lo dejó pasar, sin decirle que podía largarse porque era ella la que había llegado primero y él quien se había acercado a molestar. Dejó la conversación a un lado cuando creyó ver algo moviéndose bajo el agua, entrecerrando la mirada para tratar de ver mejor y comprobar si no se lo había imaginado. El comentario ajeno no obstante la sacó de su concentración y le hizo mirarle, al menos hasta que sintió algo húmedo y viscoso tocarle la muñeca.

El grito del varón la hizo reaccionar, pero tarde pues el tentáculo ya se había rodeado en su brazo y, al igual que al mayor, la arrastró hacia el agua. Apenas pudo coger aire pero el instinto de supervivencia actuó por ella y antes de darse cuenta su cuerpo se hizo más delgado y alargado, llegando a emitir una pequeña luz. Sus ojos ahora habituados al agua observaron al animal que los había arrastrado y una descarga recorrió su cuerpo serpenteante, alejando de un calambrazo los tentáculos que intentaron agarrarla de nuevo. Se había transformado en una anguila eléctrica bastante grande y varias descargas más vagaron por su anatomía mientras un sonido agudo escapaba de sus fauces. Reaccionó de inmediato y al ver que era incapaz de electrocutar al calamar sin dañar al varón cambió una vez más su apariencia. Se agrandó bastante, su color se oscureció y recuperó unas extremidades en forma de aletas que la impulsaron hacia el animal hostil, mordiéndole el tentáculo que sostenía al varón para obligarle a soltarle y lograr así arrastrar al Slytherin hasta la superficie. Su cuerpo de orca junto al del mayor emergió del agua y como pudo maniobró para que de un coletazo Altair cayera en tierra mientras ella volvía al agua tras coger aire y soltar un nuevo sonido, esta vez no tan chillón pero igualmente agudo y amenazante mientras agradecía mentalmente que el Lago negro fuera de agua salada, las orcas no sobrevivían en agua dulce y ella, convertida en una, tampoco lo habría logrado.
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